El centrocampista del Angers volvió a demostrar que su nombre será uno de los recordados de este torneo
Seis partidos han hecho falta a Azzedine Ounahi para convertirse en uno de los futbolistas más llamativos de todo el Mundial.
El centrocampista marroquí del Angers, que comenzó el torneo siendo una pieza importante pero al fin y al cabo una más para la Marruecos de Walid Regragui, firmó de nuevo un partido en semifinales que le confirman como una de las gangas del mercado para cualquier equipo grande del fútbol europeo necesitado de un futbolista ‘todoterreno’.
Ante Francia, país en el que se ha formado como jugador, Ounahi demostró una vez más que lo suyo es abarcar todo el terreno de juego. Porta el dorsal número 8 a la espalda pero perfectamente podría llevar todos a la vez porque defendió, atacó, e incluso tuvo oportunidad de hacer un gol que hubiera sido histórico para su selección. Volvió a ser ese que destacó Luis Enrique en rueda de prensa tras el partido de España (“Madre mía, ¿de dónde ha salido ese muchacho?, dijo Lucho).
A base de carreras inagotables (recorrió más 12 kilómetros), el marroquí sostuvo a su equipo y fue uno de los motivos por los cuales ‘Los Leones del Atlas’ volvieron a mostrar su faceta más férrea.
Pareja de lujo
Junto a Sofyan Ambrabat, Ounahi formó un tándem muy efectivo en el centro del campo que, eso sí, esta vez no pudo sostener el ataque de Francia ni siquiera cuando el seleccionador africano introdujo un defensa más en su esquema.
Eso hizo que se marchara de vacío pero eso sí, con una sensación agridulce porque cuando se pierde como perdió Marruecos, nadie puede quedar insatisfecho.
Y más cuando con solo 22 años, Ounahi se ha hecho un nombre en el panorama europeo y en una cita tan relevante como la que es un Mundial. Por ahora su precio no pasa de los 3 millones de euros pero cuando el mercado se actualice tras la final del domingo, pasará a ser un jugador muy cotizado y cuyo valor, tal y como está el fútbol actual, alcanzará cotas altísimas.